miércoles, 22 de agosto de 2018





Villafranca
 del 
Bierzo
04/08/2018





Regreso con el alma pletórica de satisfacción. Lo que en principio era un viaje de relax y de desconectar, se convirtió en un montón de buenos momentos, la muestra está, en que la memoria de mi cámara se quedara sin espacio.

Traigo de estos días, tres reportajes que no puedo mezclar porque no tienen nada que ver el uno con el otro, son distintos y requieren su tiempo y  espacios separados.

Solo espero transmitir las sensaciones y las buenas vibraciones que encontré en estos lugares, que me dejaron tan buen sabor de boca que seguro  que volveré, me lo pide mi instinto depredador de imágenes y de historias que andan sueltas por esos lugares, esperando que alguien con las mismas ansias que yo, pueda recoger.









Villafranca del Bierzo es una municipio y localidad situada al oeste de la comarca de El Bierzo, en la provincia de León. En ella confluyen los ríos Burbia y Valcarce. 

                  Es uno de los municipios leoneses en los que se habla gallego.






En 2015, en la aprobación por la Unesco de la ampliación del Camino de Santiago en España a <Caminos de Santiago de Compostela: Camino francés y Caminos del Norte de España> en el que en el nº 1888 figura Villafranca del Bierzo con un ámbito delimitado de elementos asociados.


De su fundación al Señorío de Villafranca

Hachas neolíticas, una punta de flecha de bronce y un supuesto ídolo de la Edad del Bronce, conservados en el museo situado en el antiguo colegio de Jesuitas de San Nicolás, son los testigos materiales de una población que podría haber habitado en la zona en época prerromana y romana, a la vista de los abundantes restos castreños (El cercano Castro de la Ventosa) y de las explotaciones auríferas.

El comienzo de las peregrinaciones a Compostela, tras el descubrimiento del cuerpo del Apóstol en el año 813, y las dificultades para atravesar el Camino, hacen que vayan surgiendo núcleos privilegiados para la asistencia de peregrinos y Villafranca sería la antesala del angosto valle del río Valcarce, junto a los pasos o puentes sobre el río Burbia, el Valcarce y el arroyo de la Barboriña, constituyeron el término de una de las jornadas de peregrinación a Santiago en el Codex Calixtinux.(Rabanal-Villafranca-Triacastela).

Aunque la leyenda relacione los orígenes de Villafranca con los vaqueiros, el origen más propio se asocia al monasterio de Santa María de Cluniaco o Cruñego, donde benedictinos franceses del Cluni-los monjes negros- se asientan en 1070 bajo el reinado de Alfonso VI, para la atención de peregrinos franceses y trayendo, entre otras cosas, el cultivo de la vid. También se asocia a los hospitales para la atención de peregrinos que surgen a lo largo de la Ruta.

Junto con lo anterior, se fue formando un burgo de francos, peregrinos franceses que permanecerían en estas tierras y que daría el nombre “Villa Francorum” e importancia a la población. Sin duda se establecerían también judíos, gallegos y gentes de otras tierras. 









Tras dejar los equipajes e instalados, y pasando ya hace un rato, la aguja de las doce , nos dispusimos a hacer un reconocimiento del lugar. 


 Salimos a la plaza y me llamó la atención este edificio que al parecer se derrumbó y quedaron los enseres y demás de la casa al descubierto. La foto estaba servida, claro…

Al fondo, una iglesia de la cual no sabíamos nada de momento, pero seguro que no tardaríamos mucho…






Se respiraba un ambiente de turismo y a la vez de silencio, un silencio marcado por casas deshabitadas y medio en ruinas, al lado de otras restauradas y coloridas, como si fueran dos realidades paralelas…


Hablo de silencio, pero en realidad las paredes de esas mismas casas...dicen mucho, cuentan de otros tiempos… que hubo gente que las hizo y las habitó… que sin duda surgieron historias de las que pasan en todos lados, pero estas paredes lo callan, y a la vez están insinuándolo todo…






Después de andar un poco, nos encontramos con una fábrica de la luz, en restauración o en construcción para darlo otro servicio, no puedo asegurar nada…









Un poco más abajo, la primera iglesia en visitar…










Monasterio de Nuestra  Señora de la Anunciada.

El edificio se construye sobre las ruinas de un antiguo Hospital de Peregrinos, el de Santiago. La fundación fue a cargo de D. Pedro Álvarez de Toledo y Osorio, en 1606, para su hija María, que quería profesar como monja y lo hizo dentro de la orden Clarisa.



Se trata de un edificio de gusto italianizante. Su portada se encuentra enmarcada por un gran arco y pilastras toscanas.


La iglesia es de una sola nave, cubierta por bóveda de lunetos y cúpula en la cabecera.



El retablo principal está decorado con columnas salomónicas y relieves representando a la Anunciación, el nacimiento de Cristo y los Desposorios de Santa Catalina. Data el retablo del S. XVII.




Especialísima mención para la custodia traída de Roma por orden del fundador.





En el lado del evangelio se encuentra la hornacina con los restos de San Lorenzo de Brinsdis, mandados traer por el Marques desde Lisboa, donde el Santo había fallecido.





A los pies de la iglesia está el panteón de los Marqueses decorado con mármoles de colores.









Se guarda en la Anunciada, una colección de cuadros del pintor Renacentista italiano Jusepe Serena quien por encargo del Marqués pinta esta serie de cuadros de pintura flamenca de principios del siglo XVII, conocidos como los ermitaños de La Anunciada, que corresponden a Paul Bril, Wenzel Cobergher, Jacob Frankaert y Willem I Van Nieulandt.














     Salimos mucho más sabios y nos encaminamos a la calle del Agua, muy popular y llena de sorpresas…



Los pasos que dábamos sobre la calle, nos llevaban a grandes contrastes: por un lado, casas de esas que hablaba, y que insinuaba que decían tanto. Y por otros, las mismas casas restauradas y como sonrientes y felices.










           Descubrimos una casa, que confirma lo que expongo al principio, y es la llegada de judíos a este pueblo…







No se puede dejar pasar nada, todo lo hay que ver…







 Más contraste, casas señoriales, bien cuidadas, una convertida en museo.... y casas abandonadas, como si no tuvieran dueño…, pero son las que verdaderamente dan el sabor propio de otros tiempos, nos hacen percibir aromas nostálgicos y a la vez identificarlos con el verdadero espíritu de pobladores de este lugar…








El olvido pasó por aquí...y se quedó...

...¿Para ofrecerme una oportunidad de hacer fotos…?
Es posible...













Continuamos andando por la calle del Agua.




 Nos encontramos con un cartel que indica el lugar de nacimiento de un  poeta.


No me suena…pero sí, me pica la curiosidad…




Enrique Gil y Carrasco




Fue un escritor romántico español, recordado fundamentalmente por la novela romántica histórica “El Señor de Bembibre (1.843)”, obra maestra de la prosa romántica de ficción española, que sigue el modelo de la novelística de Walter Scott.


(Villafranca del Bierzo, 15 de julio de 1.815-
Berlín, 22 febrero de 1.846)


Poeta y novelista romántico.


Se fue a Madrid contra la voluntad de padre a seguir sus estudios; terminó la carrera en 1.839. En Madrid hizo amigos entre los liberales, uno de ellos, José Espronceda, quien leyó en el Liceo su poema “Una gota de roció”; también leyó allí Espronceda su poema “El cisne” en 1.838. Gil y Carrasco estuvo en el entierro de Mariano José de Lara, como un miembro más de El Parnasillo; en este acto se dío a conocer su compañero José Zorrilla. En El Parnasillo, tertulia reunida en el Café del Príncipe, surgió el Ateneo de Madrid, el brillante Liceo artístico (del cual fue un habitual Gil y Carrasco desde su fundación en 1.837), el Instituto, y otras muchas agrupaciones literarias.



De su prematura muerte en Berlín

En el verano boreal de 1.845 se agrava su enfermedad. Regala unos ejemplares de El Señor de Benbibre a Humboldt y al rey. Humboldt le ofrece en nombre del rey la Gran Medalla de Oro de las Artes y las Letras.


Fallece la mañana del 22 de febrero de 1.846. A su muerte dejó a su familia en la pobreza. Fue enterrado en el cementerio católico de Santa Eduvigis, en Berlín. Sus restos se redujeron cuando caducó la propiedad de la sepultura en 1.882.


Los huesos se repatriaron en 1.987 a la Iglesia de San Francisco, de Villafranca del Bierzo. Los apuntes y enseres de Gil y Carrasco permanecieron en la embajada de Berlín hasta la Segunda Guerra Mundial, en la que desaparecieron.











Pero seguro que él, nunca pudo imaginar, que no se guardara su memoria, y menos su casa. Él vivió por y para el futuro, y así se desprende de su trabajo y se explican todas sus poesías. Él no las escribió para llevárselas al más allá, las cedió a la humanidad y al mundo, y a quien quisiera leerlas. pero su pueblo parece ser, que le ha condenado al olvido. 

El que la compre esta casa, tiene asegurada un montón de historias por descubrir. Y esto es un reflejo de lo que he querido decir cuando hablo de que las casas y sus recuerdos. Solo espero que se venda antes de que se derrumbe...


Quiero rendir homenaje, un personal homenaje a quien desconocía. Sé que no puedo estar a su altura, él está en el recuerdo de pocos, y yo solo soy un nostálgico...que anda escuchando historias...





Oda a la casa de Enrique Gil y Carrasco

 Piedras que culminaís una cumbre, que os creéis superior a un recuerdo, cuando de una casa sois parte y nunca un pensamiento. No tengáis la certeza de la inmortalidad sin contar con el hombre.

No es una esperanza lo que te hace estar en pie en el tiempo, si no, que dependes de lo que alcanza el olvido de un pueblo.

La esperanza no se pierde, y aunque parezca estar ausente, cuando nadie te nombra, poco hacen las placas grabadas en las paredes. La pena no es el derrumbe, sino, que de ti no se acuerden.

Llora el verso en silencio, a sabiendas de que nadie le pone un remedio y que ese destino incierto leva con él, el augurio de ese mal presagio, que no grita el universo.

Solo es una casa, ¿Quién quiere habitarla? Los metros cuadrados serán muchos. Pero menos, que los recuerdos que la guardan.


Caerá la casa en un pasar del tiempo, tiempo en el que no supieron valorar unos versos, ni a la persona que los sintió primero.

Jamm.






El camino continúa con un sabor amargo, pero hay más sorpresas… y serán gratas.



Los escudos nos hablan de nuevo, de historias que nunca sabremos, pero podemos respirar ese tufillo de tiempos atrás, que da color a este paseo.






… el llamador es original y muy fotogénico….







Curiosa casa, parece decir algo…


Las paredes están cubiertas de pensamientos y de relieves…













Por detrás, hay como esculturas y un cartelito que dice…



Parece que tiene abierta la puerta…la curiosidad me puede, tengo que asomarme…




Allí estaba una dulce persona que llena de amabilidad y que, con una delicada y cariñosa sonrisa, me dejó pasar…es Arturo Nogueira en persona. No tenía el gusto de conocerle, ni de saber de él. Pero ya me conocéis, no puedo por menos…vamos que necesito saber sea, como sea… 

Al contrario de molestarse, y sin alterarse, Arturo no paró de trabajar y hacer como si nada. Mis ansias por saber de él, me hizo preguntarle:

-         ¿Es usted de aquí…?

-         Sí, de Villafranca… -respondió con suma tranquilidad-, como si yo fuese un conocido y esa fuera una conversación normal entre amigos, porque así me sentí, uno más… pero no estoy acostumbrado, la frialdad de Ávila es muy recia para estos gestos, la verdad es que me sorprendió.



 Arturo Nogueira.


El volumen del amor.

Cuando uno tiene que formarse de los que le nace de dentro, de sí mismo, y de lo que el arte le susurra en el alma, no tiene tiempo más que para aprender lo que ama. Amor al arte de la escultura y todo el tiempo para entenderla. Así se hace un artista autodidacta. Como Arturo Nogueira. Amor al barro, a la figura, al dibujo, a la escayola, a lo que surge de las manos: Arte. No es más que buscar y hallar la expresión inanimada de una tormenta real o imaginada. Por eso su mundo se ha poblado de seres, hombres y mujeres, llenos de amor en la mirada, y sentido cierto en lo que expresan. La vida de Nogueira es la vida de dos, la escultura quieta y su alma en ebullición. Todo tiene sentido cuando talla, esculpe, moldea, funde y ensambla. Todo tiene sentido: la forma, el espacio, la textura y la materia. Nada es ya secreto para el artista villafranquino.





La conversación transcurría sin acelerones, al responderme afirmativamente, a dejarme fotografiar lo que mis ojos estaban viendo, mi interés se dirigió a las imágenes, y la conversación cesó a intervalos de descanso de la cámara.


Estaba alucinando, cuanto trabajo había allí, y cuanto esfuerzo y dedicación. No acertaba a preguntarle algo con un sentido profesional, me pilló con la mente en blanco, solo podía hacer fotos y hablar de cosas de las que estaba viendo. Seguro que él advirtió algo y un silencio y una sonrisa me vino a decir mucho.




-         ¿Este sitio era un lagar verdad…?- Pregunté por todas las cosas que estaba viendo 
-          

-         Si, formaba parte de ella, ahora lo tengo para guardar obras 
-  y tenía mucho material...



Me comentó que tenía una escultura en la autovía de A Coruña…

Plataforma Artística José Luis Ponce

“Puente de Sueños”


(El logo es un enlace)

…las obras de Arturo Nogueira son principalmente humanas, figuras torneadas para llenarse de ideas; mujeres y hombres que entrelazan sus cuerpos en un abrazo repleto de sentimiento, barro modelado.

Este escultor autodidacta ha logrado, con el paso de los años y lo que él mismo ha ido definiendo hasta convertirlo en una forma de arte que expresa y provoca, que despierta y se entrega para el disfrute, al compadreo y el silencio de quien llega, pasa o se detiene.

Arturo Nogueira es una de esas excepciones que echan por tierra las reglas y prueba de ello son los numerosos trabajos realizados por el artista en diferentes lugares de la comarca…


Carracedelo homenajea con una escultura a las “Gentes Sencillas”


Yo, sin ánimo de molestar más y una vez que terminé de fotografiar todo aquello que me fue posible, le transmití mi gratitud y le felicité por el trabajo que estaba viendo. Él, con su sonrisa que ya para mí era habitual, me dijo adiós y nos despedimos.


Para mi sorpresa, el hotel que nos albergaba, también tenía obras de Arturo…







Y un gran mural con motivos precolombinos…




Yo estaba súper emocionado y contento, tanto por su amabilidad, como por su colaboración, pensaba que de aquí podía sacar buen material para un bonito reportaje…










Junto a la casa de Arturo Nogueira, se encontraba el Albergue de Leo, del cual nos llamó la atención una gran lámpara de techo.


       



Entramos para verla y allí estaba Mercedes, la madre, de Ángela, que regentaba el negocio. 
 


  
Mercedes muy amable nos invitó a pasar y nos explicó que esa lámpara se la había comprado con la herencia de su madre y que la tenía en otro lado. Pero al poner este negocio, pensó que mejor estaría aquí. También nos enseñó otras dos que había puesto en el albergue.

El albergue estaba en la calle más popular del pueblo y era una gran ocasión para poner un negocio, por lo cual el edificio se rehabilitó, de lo contrario le podía haber pasado lo que a la casa en la que nació un tal Enrique Gil y Carrasco…




Estas maderas entrecruzadas, eran un tabique al que habían quitado el adobe que tapaba los huecos, y que ahora lo usaba a modo de bastidor y como decoración.









Mercedes es muy devota y tenía multitud de imágenes de santos. Ángela, que no paraba de correr de aquí para allá, de vez en cuando, aportaba testimonios en relación a los comentarios de su madre; ella no era creyente y así se lo dijo a su madre, sin dejar moverse y sin parar en ningún momento…






Mercedes nos enseñó incluso lo que quedaba por restaurar, que es la parte superior, donde albergaba muebles y otros enseres que nos hacían pensar en épocas pasadas…



 Nos resultaba extraño, tanta amabilidad en los habitantes de Villafranca; no estábamos acostumbrados; la verdad es que no dábamos crédito a tanto entusiasmo por contar parte de su vida, y en la cual hubo una perdida muy importante, como es la de una hija.




Pensamiento en voz baja:

Yo, a modo de semejanza, me vino por la cabeza un pensamiento. Lo que hacía Mercedes, es una visita guiada por un caserío del s. XVII. Y estaba resultando de lo más interesante que nos pasaría en Villafranca.

Esto mismo o parecido, si se hiciera en la casa de un importante poeta, con los pormenores de su trabajo y su vida, justificaría su posible rehabilitación y recuperación para el pueblo, pero no solo para Villafranca, si no, para el pueblo en general, y en particular para la cultura y el patrimonio de Villafranca. Yo ahora, creo en su rentabilidad, tras convertir una casa en ruinas en un museo.

 Es posible que esté equivocado, pero me dio por pensar en positivo, y seguro, que además crearía puestos de trabajo…


¿Seré yo, un mal pensado…?




A una sala le seguía otra, a esta un patio; esta casa era enorme, así como las historias que mercedes nos contaba, y me hacía recordar las historias, que nunca sabremos de tantas casas como había abandonadas en el pueblo.


Esta pila, es lo más antiguo que tiene la casa. Nos contó que era de un caserío que tenía muchos más años que esta casa, y que lo habían puesto aquí.





Es posible que este sea Leo, pero no me acuerdo muy bien. Estaba a dos cosas, a las fotos y a los relatos. No abarcaba para todo…






Extraordinaria esta Mercedes, sin pedirle nada nos dio una gran lección de hospitalidad y de vitalidad; era como una hemorragia de recuerdos y de pequeñas historias que llenaban sin duda nuestra curiosidad y nuestra ignorancia…






Lo más hermoso, vino al final, alguien que pasó por aquí, y conoció las historias, que imagino las contó Mercedes, hizo un libro sobre Villafranca que ella nos mostró y leyó...


... habló en estos términos de la casa:

El albergue en el cielo

Leo era un hombre bueno de la zona del Bierzo. Trabajador y humilde, vivía en un gran caserón cercano al río, en plena calle del Agua, por donde pasaban los peregrinos del Camino de Santiago. Tenía tres nietas pequeñas que correteaban por las escaleras de la hacienda, sin imaginarse que algún día darían cobijo al caminante. Cuando Leo siguió las flechas amarillas que conducen a las personas por el camino de la Vía Láctea, el gran caserón quedó olvidado y solo era recorrido por el tiempo. No quedaba infancia en él, ni risas, ni juegos. En esta caprichosa vida que premia al malo y condena al bueno, una de sus nietas marchó con él y la casa quedó muda. Lágrimas en la tierra y pesadez en las mochilas. Y hete aquí que el destino jugo de nuevo. No sé cómo, ni dónde, ni a quién se le ocurrió la idea, pero sé que desde el cielo Leo y su nieta movieron los hilos. El camino es así. Y seguir, siempre hay que seguir. El gran caserón fue reconstruido, reformado y habitado de nuevo. Se ha convertido en un Albergue de Peregrinos atendido por las nietas de Leo, las que portan con maestría sus nombres celestiales, que son Ángela y María. Han vuelto al caserón las palabras, las vivencias, los corazones y las sonrisas. Refugio para los peregrinos, vinculo para las hermanas, memoria para los que se han ido, y en el cielo un alberguero. Y ésta es su historia, la de Leo y la de su albergue, la de sus nietas, la de la vida y la de la magia del Camino.



Como si de unos familiares se tratara, Mercedes salió a despedirnos.


Cuando paséis por la calle del Agua, no dejéis entrar en el Albergue de Leo y preguntar por Mercedes, para darla las gracias, gracias, por no guardarse para sí, muchas historias que de otra manera se hubieran perdido. Si habéis leído esto, entrad a saludarla, como a vuestra propia tía, darla un beso y escucharla… y… desearla que siga contando esas historias de la vida, de Leo y Villafranca, que nadie sabe y que ella las guarda...







Se hizo la hora de comer, y antes de irnos la pedimos un último favor: que nos dijera donde se comía bien. Ella con sumo gusto nos habló de “El Padrino”.


La verdad que, al entrar, el restaurante estaba lleno, pero pronto dejaron una mesa libre. Estábamos viendo que eran típicos por aquí los callos con garbanzos. Todo estaba muy exquisito, pero lo sorprendente es que la cantidad es muy exagerada, pero nada que con un poco de paciencia no se pueda remediar. Hubo quien compartió ración y otros que pedimos cervezas aparte, el caso es que, a la hora de pagar, nos costó a tanto el menú, 12 pavos, sin contar lo consumido, cantidades, ni cosas aparte.

 Para lo que pudimos comer y beber no es dinero... ¡y con la música a otra parte…!

Con los estómagos tan llenos, nos es imposible andar, y encina con el golpe de calor que hay, y que según dicen por aquí, no es normal en Villafranca. Unos cafés y un descanso, nos pondrán en pie en poco…



Salimos de la plaza en dirección al río, bueno, a los dos ríos…




El primero en encontrarnos fue el río Burbia.


Debe su nombre a la primera población por la que pasa (Burbia).


Nace en las estribaciones de Peña Cuiña, y parece ser un buen río truchero.





 Desemboca en el Cúa poco antes que este lo haga en el Sil.










A la izquierda, y clavando su espadaña en el verde del monte, encontramos el Convento de la Concepción. Fundado hacia la mitad del siglo XVI por el segundo Marqués de Villafranca.



El ojo está buscando imágenes para poder contemplarlas dentro del visor. Y poder traer un poco de lo que ves en forma de recuerdos…






Por cierto, este otro puente que nos llama la atención, está sobre al Río Valcarce. Nace a 1.200 metros de altitud, en las proximidades del Puerto de Pedrafita do Cebreiro, en Lugo, y es afluente del burbia.


















Nos dirigimos ahora, a la segunda iglesia que visitaremos. El orden, es el que el camino nos lleva…





COLEGIATA DE SANTA MARÍA

Tuvo sus orígenes en un monasterio benedictino erigido en el siglo XII, con hospedería aneja para atender a los peregrinos franceses que pasaban por Villafranca. Tomando como fecha posible de su construcción el año 1.070. Los restos de esta antigua abadía se han perdido, ocultos por la colegiata moderna.



La apertura es a las cinco, y nos toca esperar bajo este sol justiciero, que dicen no es propio de este lugar…





Con una puntualidad, de entrar a currar, llegó la chica. 
En el convento de la Anunciada, también era una chica la encargada de abrir y cuidar del templo.











¡La dichosa memoria histórica esa, no pasó por aquí…!












Su trazado se realiza bajo un gótico tardío con elementos propios Renacentistas y fundamentalmente Barrocos, y nos sorprende la parte de los pies de la iglesia donde se puede ver que se trata de un edificio inacabado. El proyecto contemplaba cinco tramos, pero los dos últimos no llegaron a construirse donde se pensaba, según proyecto, e hicieron una construcción más larga y con otra zona de acceso más monumental y acorde con su conjunto.





 Sorprenden al visitante de forma extraordinaria sus maravillosas y espectaculares bóvedas y su cúpula de pizarra.




El templo tiene planta de salón, con tres naves y cabecera poligonal de cinco lados iguales.


El primer tramo es el crucero, que no sobresale en planta, pero sí en altura; el segundo con dos capillas laterales, que sobresalen en planta, pero no en alzada, se quedan a mitad de altura de las naves laterales



En la nave de la derecha encontramos la Capilla del Rosario con un retablo de la primera mitad del siglo XVII, dedicado a la Virgen del Rosario que se encuentra en la hornacina central. Posee este retablo tallas de San Francisco Javier, Santa Bárbara, y en la misma Capilla la pila Bautismal y la talla de la Virgen de Fombasallá.



La otra Capilla lateral está dedicada a la Santísima Trinidad, que conserva, junto con la sacristía,   bóvedas de crucería del S. XVI. El retablo también es del S.XVI, el tema central de la trinidad se encuentra en el segundo cuerpo del mismo.



En el ático tallas de los Reyes Magos y el Nacimiento, los Ápostoles, San Pedro y San Pablo en los laterales y pinturas que representan escenas de la Pasión de Cristo. Se trata de uno de los retablos de estilo purista más importantes de el Bierzo.



En el centro del segundo tramo encuadrado por cuatro grandes pilares, se encuentra el coro capitular. 




Coro Barroco Rococó de la segunda mitad de S.XVII y destaca en él la Sillería Abacial con el tema del “Buen Pastor” y sobre ella el monumental escudo de armas de los Marqueses.








En su interior, el templo destaca por la gran variedad de las cubiertas que van desde la bóveda poligonal con nervios de la capilla mayor, hasta las bóvedas de crucería estrelladas, más o menos complicadas que, cubren la sacristía, y capillas, la cúpula sobre pechinas coronadas por linternas y nervatura radial, en la parte central del crucero, y la del coro radial con circunferencias en medio.











El retablo del Altar Mayor es Neoclásico y dedicado a la Asunción de la Virgen.













Llaman la atención las cristaleras, por su colorido...











...y por sus reflejos…



La torre tiene varios cuerpos cúbicos: el superior octogonal con cuatro huecos de arco de medio punto entre pilastras para las campanas, por encima del cual se levanta un pequeño templete con ocho huecos, rematando el conjunto aguja y pequeña esfera.






Y como buen templo Gótico, las majestuosas gárgolas… aunque parecen estar hechas por Cecilia Giménez, la del Eccehomo...







(Wikipedia. -Villafrancadel Bierzo-turismo-)





Una vez impresionados, por el esfuerzo en el conjunto histórico y artístico de la Colegiata, y tras pasar el parque, nos dispusimos a ver otra iglesia…






IGLESIA DE SAN NICOLÁS


Este bonito edificio se funda en el S.XVII por D. Gabriel de Robles, quien deja en su testamento rentas para hacer la fundación de un colegio de la Compañía de Jesús; cuyos objetivos eran la creación de un colegio para niños y estudios de teología para los que quisieran ser religiosos.


La fachada posee dos cuerpos que se separan por una cornisa y rematados por un frontón con el escudo de la Compañía de Jesús.


La iglesia se sitúa en el centro, y a ambos lados deberían ubicarse sendos claustros, aunque solamente está construida el ala de la derecha.






La Iglesia posee planta de cruz latina dividiéndose la nave en varios tramos. Tiene bóveda de lunetos y cúpula sobre pechinas.



En el interior de la Iglesia se custodia la imagen del patrón de Villafranca, el Santísimo Cristo de la Esperanza, talla sorprendente situada en el primer cuerpo del tramo central del retablo, obra del S.XVII, realizada en madera sin dorar con tallas como la de San Ignacio de Loyola, San Francisco de Javier, San Francisco de Borja y un calvario entre otras.



Existe otro retablo a la derecha dedicado a San Vicente de Paúl y otro a la izquierda dedicado a la Milagrosa.







Se puede visitar en el interior un valioso museo de Ciencias Naturales.












Existen varias capillas laterales, en las cuáles no me paré a ver de quién eran…pero sí me las llevé para el recuerdo…














Fijaos en el techo de la entrada de la puerta, es un trabajo impresionante, como de estilo plateresco, pero eso es un pensamiento mío…




Salimos de la Iglesia de San Nicolás, y tras cruzar la plaza, nos dirigimos a ver la Iglesia de San Francisco. Que está justo por encima del hotel donde nos alojamos…


San Francisco

Fue Convento de Franciscanos del que solo quedan restos. Su fundación data del 1.213, atribuyéndose a la Reina Doña Urraca.


En sus orígenes tuvo otra ubicación en el antiguo hospital localizado en la zona ocupada por el convento de la Anunciada. Posteriormente hacia el año 1.285 se traslada a su actual ubicación. De aquel Convento se conserva la Iglesia como única edificación. Se trata de un templo de estilo Románico-Gótico.



La parte más antigua es la que corresponde a la portada, de acceso de estilo Románico tardío. El segundo cuerpo de la fechada y las torres del campanario corresponden al Barroco, S. XVII.




La ampliación de la Iglesia se lleva a cabo en la segunda mitad del S. XV, en estilo gótico, con el patrocinio de los Condes de Lemos.


Es de destacar en el interior del templo su Retablo Mayor, de grandes proporciones, Barroco de estilo Churrigueresco.


De singular importancia son los enterramientos o la arquitectura funeraria como la Capilla de Ambrosio de Castro, donde se puede admirar una bóveda con arcos conopiales del S. XVI.






Del S. XVI es también la magnífica talla de la Virgen de la Piedad, cuyo patetismo llama la atención de quien lo contempla.





Cuenta la iglesia con un bello coro Plateresco que refleja la austeridad de la orden franciscana.


Del edificio se puede admirar el artesonado mudéjar más importante del noroeste de España.








Me llamó la atención esta talla del Cristo Yacente, talla de S.XVII, acompañado de otra talla de la Piedad.










 Salimos ya de San Francisco, seguimos impresionados por el poder de la Iglesia  en acaparar el arte y sus manifestaciones, para la mística en esos tiempos; es más evidente que ahora…
…pero ahora, no es el momento de hablar de esto…



 Las vistas que podemos ver desde aquí, gracias a un elevamiento del terreno, nos facilitan imágenes interesantes…




Bueno, en donde menos te lo esperas, salta un motivo para mirar…


Allí, enfrente tenemos la siguiente visita, la Iglesia de Santiago…






El abandono de casas, no es otra cosa que la falta de trabajo, y de recursos para vivir. Villafranca se puede librar de la despoblación, gracias al Camino. Pero pienso que le queda mucho trabajo para no acabar muriendo. No es suficiente el Camino, si se dejan caer el pasado y no hacen caso a su patrimonio en todas sus manifestaciones. Tienen por delante mucho que recuperar y no dormirse en lo básico, si no quieren que, en un cambio de tercio, puedan dejar a un pueblo sin futuro…














Ahora desde Santiago, devolvemos la mirada a San Francisco…




Iglesia de Santiago


Templo románico cuya fecha de construcción probable parece ser a finales del S.XII, mandada por el obispo de Astorga don Fernando, en el año 1.186. En los Años Santos Compostelanos, en caso de que algún peregrino que no pueda continuar hasta la Catedral de Santiago por enfermedad o accidente y haber recorrido la distancia necesaria, haberse confesado, asistido a la Eucaristía y haber rezado por las intenciones de la Iglesia (igual que en la Catedral de Santiago), se le abre La Puerta del Perdón para que gane las Gracias Jubilares. Siendo esta la única puerta en la que se pueden ganar las Gracias Jubilares.


Es un Templo sencillísimo de una sola nave con capilla barroca del S. XVII en un lateral de la Iglesia. Construida con sillares desiguales resulta interesante su ábside con tres ventanas decorados sus arcos con el conocido “Taqueado Jaqués”.





Destaca en el exterior su portada norte llamada “del perdón”, constituyendo un magnífico ejemplo de escultura dentro de la provincia de León; sus arquivoltas algo apuntadas tienen decoración de media caña las dos primeras, la tercera motivos vegetales y la última un apostolado que remata en el centro con un Pantocrátor. Sus capiteles representan la Crucifixión, los Reyes Magos, la Epifanía, hojas de acanto, animales fantásticos… Ya en el interior, podemos admirar un valioso Crucifijo del S. XIV.



Dentro de la Capilla Barroca, en su retablo, se cobija la talla de la Virgen de las Angustias, S. XVI, que constituye un paso muy representativo de la Semana Santa villafranquina. En el mismo retablo aparecen escenas de la Pasión de Cristo.


También en su interior, podemos admirar un valioso Cristo crucificado de tamaño natural, del S. XiV, situado en el Altar Mayor. Hoy aparece sin la policromía original.










Junto a la chica, que se encargaba del cuidado, así como de abrir y cerrar la Iglesia, había esto a modo de recipiente para limosnas. Por cierto, no se pueden hacer fotos en esta iglesia, ¡Yo no sabía qué hacer…! Bueno, con educación se va a todos los lados y la pedí permiso, permiso que ella me dio. Quiero que quede reflejado por si acaso hay algún problema…



Finalmente, su portada de acceso es muy simple, formada por tres arcos sin columnas.



De todas las Iglesia que he visitado hoy, con diferencia es la más bonita, quizás por su sencillez, por sus Gracias Jubilares, en fin, por tener un motivo sin ánimo de grandeza, tan solo espiritual y si esto lo dice un ateo, ¡es para tenerlo en cuenta…!




Bueno, ya tenemos casi toda Villafranca vista, nos falta el castillo…¡Vamos…!

Construido en el siglo XVI por don Pedro de Toledo, Marqués de Villafranca.



Se trata de edificación fortificada, con macizos torreones coronados por almenas en sus cuatro ángulos. 







Después de la Guerra de la Independencia se rehabilita una parte como vivienda. 





Es propiedad privada y no es visitable.


Pues..., bueno..., "posnolovemos…", ¡Yaesta…!




El día ya ha dado mucho de sí; es como si tuviéramos que procesar todo aquello que habíamos visto; los pies nos decían que era conveniente un poco de descanso; y es casi hora de ir pensando en la cena y unas birras.





 Pero de camino unas fotos….


No sé de qué árbol se trata, tiene unas flores de lo más llamativas, pero lo que sí está claro es que a la abeja la pillé infraganti en pleno vuelo…













Tras cenar, bueno reventar de comer, pues aquí eso de raciones por persona es muy relativo, hay que pedir para dos una ración y es entonces cuando la cosa queda en unas proporciones razonables…


…pues eso, cogemos los trípodes y a por unas fotos nocturnas del pueblo, para terminar el día y este productivo reportaje…



















































Villafranca, pueblo de paso, con un gentío que mañana querrá estar un poco más allá de aquí. Andarines de todos lados, de otras culturas, de otros países, pero en una misma dirección. Pueblo amable y hospitalario, donde los haya, de rincones y calles con sabor a tiempos remotos, que sugiere más de lo que puedas ver… ¡sabe a poco un día!, pero hay que andar, apenas les queda tiempo para una cerveza en una terraza y poco más. Es un pueblo con más jugo del que se le extrae, se desperdicia una gran parte de lo que allí duerme.

Si alguien me pregunta…

¿Qué es lo que más me gustó de esta “Villa Francorum…”?

Creo que lo tengo claro, sé que tiene un patrimonio religioso de primer nivel, pero lo que siempre llevaré en el recuerdo y en el corazón, serán sus gentes. La amabilidad, la hospitalidad, para mí no eran conocidas en semejante proporción; daros cuenta que no solo me dejaron entrar en sus casas, que sino que también compartieron parte de sus recuerdos y sus trabajos. Con un abulense, criado en clima recio y frío, pero un frío seco, rancio y sin premisas. Lo que yo sentí en esos momentos que me abren su casa y sus vidas, fue fantástico, no puedo por menos que estar muy agradecido, y quisiera contarlo a los cuatro vientos, para decir que eso ocurrió aquí, en Villafranca del Bierzo.

Otra cosa que recomiendo, cuando alguien esté por esta villa, es que busque historias, que haberlas haylas…, yo encontré un alberguero en el cielo, poesía entre paredes ruinosas…y hasta figuras que estaban siendo creadas por la mano del hombre… ¡Que toquéis las piedras en busca de respuestas o de historias que esas paredes callan! Siempre hay alguien que le sobran consejos, consejos aprendidos con el tiempo, a través de vivencias, que no son otra cosa que historias…


Yo me llevo un gran recuerdo, de Mercedes, de Arturo y de un tal Gil y Carrasco, que nunca sabrán si no leen esto, lo que de ellos guardo… 


Fin.

Jamm.

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